No me olvidaré jamás del sopapo que me dio el herr Noiman porque me puse a vomitar ante aquella horrible carga de gente.
- Y... ¡carajo ! ¡Naides me créiba ! Si la vieja ña'Torcuata, la que nos hacía las tortas fritas, ¡entuavía respiraba cuando la tiraron a la cuneta! ¡Por Dios que lo juro! ¡Por Dios !...
Encalaban todas las habitaciones. Hervían el agua del río en grandes tachos y nadie podía beber si no era de allí. Y las chimeneas del hospital viejo dejaban escapar un humo blanco de la quema de alcohol para purificar los aires.
- Por eso le digo, mi amigo, que dos meses fueron largos como una vida. ¡Qué lo parió que se ven cosas! ¡Y hasta uno apriende a conocerse como persona !
- Nunca vaya usté a decir qu´es bueno sin antes pasar por una cosa d'estas, ¿sabe? En rialidad somos unos hijos de puta, sin sentimientos. Si hasta nos mirábamos con recelo, como si juéramos bichos piojosos... y le dábamos la espalda a los cortejos. Todos queríamos escapar de todos y ni pa'rezar nos juntábamos de a dos !
La reunión no dio para más. De a dos, algunos. En grupos más grandes, otros. Acompañándose en dolor, todos se fueron calle arriba, y el puente Keller se quedó solo, con el arroyo haciéndole cosquillas con su corriente fría de agosto...
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Nota : El episodio de la peste fue verdad, en 1868, y el "puente Keller" no es otro que el puente sobre el arroyo Laureles que une a Fray Bentos con el barrio del Frigorífico Anglo. Se construyo en 1866 y justamente cuando cumplía 100 años, en el gobierno de don Luis Alzaibar, se cambio por una nueva estructura que es la que hoy existe.