Los secretos del portaaviones de hielo: el coloso capaz de doblegar a los submarinos nazis.
El Proyecto Habkkuk fue un plan ideado por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial para construir un portaaviones gigante, diseñado con un casco relleno de un gran espesor de Pycrete, (una mezcla de hielo y aserrín), lo que en teoría lo convertiría en prácticamente insumergible. El propósito de esta inusual embarcación era haber sido utilizada como una base aérea flotante contra los submarinos alemanes en el Atlántico Medio, en la zona situada en ese momento más allá del alcance de la cobertura de los aviones con base terrestre.
Los científicos británicos no podían creer que la solución a todos sus problemas fuera un simple puñado de serrín, pero así lo hicieron y quedaron gratamente sorprendidos del resultado. A ese nuevo material de construcción decidieron bautizarlo en honor de Pyke, el inspirador de todo el proyecto,
Lord Mountbatten estaba tan convencido de la resistencia del Pykrete que en la reunión sobre la posible construcción desenfunda su revólver y dispara a un cubo hecho con esta sustancia. En efecto, la bala rebota. Pero, para sorpresa de todos, está a punto de volar la cabeza de uno de los presentes. Aunque, a la postre, la idea de construir un portaaviones de hielo no terminó de consolidarse por culpa de los altos costes, la resistencia del material entusiasmó tanto a Churchill antes de la conferencia de Quebec que ordenó que se fabricara un prototipo en Canadá.
La historia del portaaviones de hielo volvió a salir a la luz cuando la arqueóloga submarina Susan Langley desvelara al diario The Times la triste noticia de que los restos del mencionado prototipo que se fabricó en Canadá, están sumamente deteriorados y han sido vandalizados por los turistas submarinos. En sus palabras, los visitantes «sin escrúpulos» están logrando que las paredes y los tubos pensados para refrigerar las paredes de hielo del bajel se estén desmoronando.
No resulta extraño que Churchill decidiera apostar por esta excentricidad. Al fin y al cabo, era un amante de los cachivaches militares que pudieran ofrecer a su ejército ventaja en batalla (no hay más que ver los extraños blindados que costeó el gobierno inglés para el desembarco de Normandía meses después). En todo caso, parece que el más ambicioso fue levantar este gigantesco buque a golpe de agua helada y serrín.