Amyr Klink es un navegante brasileño, quizás no muy conocido por su natural humildad, pero cuyas hazañas náuticas nada tienen que envidiar a marinos como Tabarly, Dumas o Sir Francis Chichester. No sé de donde cayó en mis manos un video en el que registró uno de sus viajes alrededor del mundo. El desenfado y el humor con el que enfrentó sus desventuras me dieron su enorme dimensión de navegante en una exacta combinación de coraje con la natural alegría de su país de origen.
Protagonista de muchos viajes, todos desafíos no explorados, inicia su palmarés en 1984 años, con una travesía a remo en solitario desde Namibia a Salvador de Bahía. Klink, en su bote de seis metros de eslora y equipado alimentos especialmente preparados para el por una empresa brasileña, embica su Parati, cien días después, en la Playa de la Espera, Bahía. Los avatares de este viaje son relatados por Klink en su libro Cien Días entre el Cielo y el Mar. Cualquiera de nosotros se hubiese dado por satisfecho con esta aventura, pero para Amyr fue solamente un aperitivo.
En 2002, Klink completó su proyecto titulado "Un viaje a China", un viaje por el mundo a través de un camino marítimo que nunca antes había sido explorado: el Círculo Polar Antártico. La primera fase del proyecto se realizó con éxito entre el 30 de enero y el 6 de abril de 2002. Klink y la tripulación, (Un camarógrafo), abandonaron el Círculo Polar Antártico, visitando la bahía Margarida en el Mar de Bellingshausen (en el extremo sur de la Península Antártica). Desde allí, el barco se detuvo en las Georgias del Sur antes de regresar a Brasil.
Una anécdota risueña que aparece en el video, es su visita a la tumba de Shackleton en la que, además de rendir homenaje al navegante, se almuerza unas plantas de rúcula que crecían silvestres alrededor de la tumba. A este viaje partió de la playa de Parati, frente a su casa, y lugar donde tocó tierra por primera vez al regreso de su viaje.
Mirando el video en compañía de un conocido navegante a nivel mundial, me hizo notar lo ingenioso del aparejo de Parati I. La botavara se continúa hacia proa en una pieza casi de su mismo porte. Ambas pivotan solidariamente portando la vela mayor a popa y las opciones del triángulo de proa moviéndose en concordancia con la botavara. Según me explicase mi amigo, eso permite un manejo conjunto y una gran facilidad de trimado. esta invención, suponemos que de Klink, se verá repetida en los dos mástiles que constituyen la jarcia del Parati II, con el que Klink realizó otras travesías.