Los bucaneros contemporáneos poco tienen que ver con los que se reconocían por calaveras, garfios o patas de palo. Los intereses y las conductas de los modernos piratas están muy lejos de las antiguas sagas románticas y aventureras, igual que sus personajes.
Existe un elevado número de libros y muchísimas películas basadas en corsarios, bucaneros o filibusteros. Se pueden encontrar muchos ejemplos en la historia de importantes personajes que han tenido problemas con la piratería tales como Julio César, que consideró humillante el rescate de 20 talentos que pedían por él los piratas y lo subió a 50, y a los que colgó tras ser liberado.
Ahora los piratas, en su mayoría, son jóvenes de entre 16 y 30 años, visten camisetas de marcas deportivas, se pueden ver algunas de equipos como el Real Madrid, Barça o Milán, llevan vaqueros y su armamento no suele ser muy sofisticado: el clásico fusil ruso conocido como AK-47 y lanzagranadas.
Van en lanchas rápidas con potentes motores fuera borda, modernos equipos de navegación y comunicación GPS, visores nocturnos, y han ido perfeccionando una logística cada vez más amplia de negociadores, contactos y especialmente gestión de capitales.
A su vez, los buques mercantes, principal presa de los modernos piratas han debido incorporar en sus tripulaciones hombres y armamento para repeler sus ataques. Ya el factor sorpresa, principal arma de los atacantes, ha dejado de ser efectiva y en la gran mayoría de los casos salen perdidosos.
La real historia del Maersk Alabama fue llevada al cine con el nombre de Capitán Phillips y refleja los avatares de captura de un mercante finalmente liberado por un buque de guerra. El temple del capitán capturado y la coordinación de los tiradores militares llevaron a la aniquilación de los piratas.