La Lenta Agonía del Uruguay Natural
El periódico La Diaria, en su edición del 20 de Julio de 2022, publica una nota referente al cambio se status de Uruguay en el Índice del Futuro Verde del MIT (Massachuset Institute of Technology). Según reza la nota : "Bajó su posición en cuatro de los cinco pilares que analiza la investigación, entre ellos el que mide el desempeño hacia la transición energética." Discrepamos en este concepto pues creo que Uruguay sigue siendo pionero en su transición hacia el empleo de energías renovables.
Sin embargo y muy a pesar nuestro es necesario reconocer el cúmulo de hechos, disposiciones, omisiones y acciones que desde diversos ámbitos de la Administración Pública y por parte de privados, agreden al entorno natural de nuestro país.
A modo de inicio digamos que la política de reciclado de desperdicios, y especialmente el reciclado de derivados plásticos del petróleo, es casi nula. Según las propias estadísticas oficiales solamente se recicla el 6 % de los residuos, porcentaje altamente configurado por botellas plásticas, bandejas de isopor, empaques de telgopor etc.
El estado de las corrientes de agua, tan abundantes en nuestro país, es lamentable. Se encuentran contaminadas por el exceso de nutrientes utilizados por los cultivos intensivos de soja y de cereales, para aprovechar las ventajas económicas de su comercio a nivel mundial. La proliferación de cianobacterias y la carga de elementos no filtrables, ha llegado a afectar la potabilidad del agua de consumo humano y animal.
Incontables especies de insectos han sido prácticamente exterminadas. Han desaparecido luciérnagas, mariposas, escarabajos y chinches cuyos beneficios polinizadores superan ampliamente el potencial daño a los cultivos. Ni hablar del desastre que acontece con las abejas, declarado el animal mas importante de la tierra, y que sufre tanto como las otras especies anotadas. Las alertas de los apicultores han caído en saco roto.
El exterminio de insectos acarrea como conscuencia un corte en la pirámide alimentaria. Aves, reptiles y pequeños mamíferos que dependen de ellos para su alimentación también ven amenazada su subsistencia y la cadena, hacia arriba, sigue sumando eslabones de ruptura.
Reemplazamos los montes naturales por cultivos foráneos para abastecer industrias que no dejan nada al Uruguay salvo campos desvastados y envenenados por los taninos del eucaliptus y, para peor, talamos coronillas centenarios y otros árboles del monte nativo para quemarlos en estufas y parrillas.
Los humedales de las franjas costeras se ven amenazados por el avance de emprendimientos turísticos que se hacen siempre a base de excepciones y componendas, sin intervención del Ministerio de Medio Ambiente y con la ceguera de las Juntas Departamentales que aprueban cualquier aberración. Vale lo mismo para las dunas costeras desde Salto hasta la Barra del Chuy. Se las invade con construcciones y estacionamientos y se las depreda para abastecer a la industria de la construcción, legal y clandestinamente.
Se suman otras pequeñas grandes cosas a las que somos indiferentes o que agredimos por nuestra ignoracia acerca de lo que es necesario para hablar de Naturaleza.
Creo que con estos parámetros nos tenemos bien merecidos ese descenso de dieciocho puestos en el Indice de Futuro Verde. El título de Uruguay Natural hace tiempo que lo perdimos.