A MANERA DE PROLOGO
 
La historia del acorazado Admiral Graf Spee nunca dejó de ser un tema apasionante pero que lamentablemente no ha sido lo suficientemente cultivado por las actuales generaciones -especialmente las más jóvenes-, pese a que mucho se ha escrito sobre él y su participación en el primer combate naval de la Segunda Guerra Mundial, el que tuvo por escenario las aguas aledañas al Río de la Plata.
Pero hoy, a más de 80 años del suceso, la sola mención de su nombre todavía despierta ecos de leyenda en los memoriosos, que en su momento oímos de labios de nuestros mayores el relato de aquel episodio que venía a encender nuestra imaginación.
Porque no comprendíamos cómo podía haber sido que aquel drama de la guerra, -el cual hoy solo existe para nosotros en imágenes de libros, viejos documentales, fotos o películas- hubiera llegado realmente a turbar la tranquilidad de nuestras pacíficas costas.
Obviamente, aún en aquellos tiempos y a más de ocho décadas, la Segunda Guerra Mundial también era algo muy lejano de nuestras tierras. En esos días las preocupaciones de nuestra gente pasaban por otros temas menos belicosos.
Sin embargo aquella orgullosa nave que el destino dispuso que fueran las aguas del Plata las que hoy cobijen su sueño eterno, y cuya alma de acero todavía guarda secretos por develar, fue el hogar de más de un millar de hombres jóvenes que enfrentaron su destino muy lejos de su patria y de sus hogares.
La mayoría de ellos rondaba los veinte años de edad, y esa juventud fue quizás lo que los ayudó a enfrentar su suerte en una tierra que -si bien no les fue hostil- no obstante les resultaba extraña, y que a su pesar les impuso determinadas condiciones dadas por las circunstancias de la guerra y los compromisos internacionales que previamente habíamos asumido.
En general, la crónica de los sucesos de aquellos días ha sido bastante relatada y debatida y por ello hoy ocupa uno de los primeros capítulos de lo que es la Historia de la Segunda Guerra Mundial. Sabemos bien que a poco más de tres meses de comenzada la guerra, el Spee luego de un raíd en misión de corsario por el Océano Atlántico que lo llevó a hundir nueve barcos mercantes y a acumular un total de unas 50.000 toneladas sin ocasionar ninguna víctima humana; fue localizado por una escuadra británico-neozelandesa compuesta por tres cruceros, con la que se trabó en batalla mientras se dirigía a la boca del Río de la Plata; y que luego de dejar fuera de combate a uno de sus perseguidores y mantener a raya a los otros dos, ingresó al puerto de Montevideo con averías relativamente menores, pero con 35 muertos a bordo y un considerable número de heridos (tres de ellos agonizantes al extremo que uno falleció a bordo antes de poder ser desembarcado), los que fueron asistidos de urgencia en centros hospitalarios de Montevideo, y por ello luego debieron permanecer en nuestro país.
Precisamente de estos, y de algunos otros tripulantes más que desembarcaron con vida en Montevideo trata esta investigación. Gira en torno de aquellos que por una u otra razón poco conocidas, permanecieron en Uruguay luego de que el Spee fuera hundido.
Del resto de la dotación ya conocemos la historia y lo que pasó con ellos. Sabemos que luego de que el Spee fuera puesto fuera de servicio por su propia tripulación frente a las costas
de Montevideo, 1055 marinos entre oficiales y personal subalterno, se dirigieron por sus propios medios a Buenos Aires. Allí su comandante el Capitán de Navío Hans Langdorff luego de asegurarse de que sus hombres estaban a salvo, se quitó la vida haciendo honor a la tradición naval por haber perdido su barco. En tanto los tripulantes fueron internados por el gobierno argentino. Algunos fugaron para regresar a Alemania y volver a la lucha. Otros fueron confinados en varios campamentos en el interior de la Argentina y luego de finalizado el conflicto forzosamente fueron repatriados a Alemania en calidad de prisioneros de guerra.
Este trabajo -en forma de compilación- solo pretende arrojar un poco de luz sobre aquellos aspectos o historias consideradas “menores” pero que son hijas de la gran Historia. Esas que a más de ochenta años han quedado un poco relegadas al olvido pero que en aquel momento tuvieron como protagonistas a un grupo de jóvenes ajenos a nuestra cultura, pero que no tuvieron más remedio que “acriollarse” durante algunos años esperando que pasase la tormenta de la guerra.
Pero..…¿qué pasó con los tripulantes del Graf Spee que quedaron en Montevideo?
Como ya dijimos 35 de ellos cayeron en el combate del 13 de diciembre contra las naves británicas, y tres más fallecerían poco después como consecuencia de sus heridas. Todos fueron sepultados en tierra uruguaya, donde descansan hasta el día de hoy.
¿Y el resto, cuál fue su destino…..? Porque fueron 71 los que desembarcaron con vida en Montevideo.
De estos, muchos debieron ser urgentemente atendidos de sus heridas en el Hospital Militar y en otros centros asistenciales de la capital uruguaya permaneciendo convalecientes allí por un tiempo. Algunos fallecieron y los demás, a medida de que se fueron recuperando fueron siendo dados de alta..
Otros si bien no presentaron heridas, pero igualmente desembarcaron pues fueron seleccionados para cumplir con tareas de apoyo en las Embajadas Alemanas en Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Asunción del Paraguay y Río de Janeiro, cosa que finalmente no se concretó, con las consecuencias posteriores del caso.
En definitiva….. luego de la voladura del Spee, y ya vencido el plazo legal de permanencia de aquellos 71 tripulantes alemanes que aún se hallaban en nuestro país, en principio algunos fueron liberados por el Gobierno uruguayo por las razones que se verán más adelante. Otros pasaron a la condición de “internados” y fueron retenidos en Uruguay.
Estos primeramente fueron alojados en viviendas particulares de familias alemanas que accedieron a darles cobijo. Posteriormente, para mejor control se los agrupó en una quinta en las afueras de Montevideo llamada “Villa Catalina”, y finalmente en el año 1942 al fallecer algunos de ellos, fugarse otros y romperse las relaciones diplomáticas entre Uruguay y Alemania, quedaron 44 a los que se los confinó en el cuartel militar de Paso del Rey en Sarandí del Yí en el Departamento de Durazno, hasta la culminación de la guerra, siendo entonces la mayoría repatriados a Alemania en 1946.
No todos… pues algunos decidieron afincarse en Uruguay para siempre.
Esta es la historia de estos hombres.