"El Juncal" - El Galeón Que Nunca Debió Zarpar
El mes de octubre ya no era época para regresar a España dados los fuertes vientos del Norte. Sin embargo, la Flota de Nueva España hacía tres años que no traía oro, plata y otras valiosas mercancías, dejando las finanzas reales bajo mínimos. 
Había sido construido como un buque mercante por la familia Ubilla de Fuenterrabía, y tenía unas dimensiones muy superiores a los barcos de la Carrera de Indias, que debían ser ligeros y rápidos. Pero como no había otros, los oficiales reales de la casa de Contratación de Sevilla lo transformaron en un galeón de escolta y guerra. 
Para ello, le instalaron veintitrés cañones de bronce, uno de hierro, y la munición reglamentaria de veinte balas por pieza. Al artillarlo, tuvieron que colocarle una cubierta más, en una barco ya ampliada su manga de forma artificial, con lo que al subir su centro de gravedad resultaba bastante inestable cuando los vientos soplaran duros. Para peor su Captán, Andrés de Aristizabal, no era marino, sino capitán de infantería, nombrado almirante unos días antes, por la muerte del capitán general de la flota
Como si Dios se lo hubiese vaticinado, Francisco Manso de Zúñiga, Arzobispo de México, se negó a embarcar en Nuestra Señora del Juncal, tal el nombre completo del buque en cuestión. La Flota de Nueva España, formada por diecinueve embarcaciones, debía partir del Puerto de Veracruz el 14 de octubre de 1631. Pero el religioso, conocedor de que aquellas fechas no eran propicias para navegar el Atlántico, se lo hizo saber a los oficiales, recordándoles su responsabilidad. Desembarcó finalmente sus baúles y salvó su vida de una tragedia anunciada. Emprendían el viaje unas trescientas personas entre tripulantes, militares y pasaje. Durante los primeros días disfrutaron de vientos suaves. Pero el día 20 de Octubre, un fuerte viento del norte les anunció que algo malo iba a pasar
Desde ese día, la flota se enfrentó a los fuertes vientos. El oleaje dañó la proa y la popa del Juncal, provocándole numerosas vías de agua. El 21 la situación ya era insostenible, y la capitana dio la orden de acercarse a la costa de Tabasco para salvar las mercancías y a las tripulaciones. La decisión resultó insuficiente: Uno de los galeones de la flota, el Santa Teresa desapareció en medio de la noche con un último disparo de despedida. Al anochecer del 31 de octubre, en dos minutos y medio,  el Juncal se fue a pique. De sus más de 300 tripulantes, solo 39 lograron salvar la vida.