El hormigón moderno empieza a deteriorarse nada más echarlo al mar. La reacción con el agua salina le hace perder alcalinidad y carbonatarse. Hasta que dejó de usarse el hormigón armado, la química dictaba que, en unas décadas, lo que parecía sólida roca con el tiempo se degradara. Con todos los avatares de la historia y hasta de la orografía, aún quedan espigones, rompeolas o muelles de los puertos construidos por los ingenieros romanos hace 2.000 años.
El hormigón romano es de gran interés científico no solo por su inigualable resistencia y durabilidad, sino también por las ventajas medioambientales que ofrece. Crearon un material que mejora con el intercambio químico abierto con el agua de mar. La reacción con el agua de mar creaba un material diferente, resistente a la degradación y que mejoraba con el tiempo de inmersión.Utilizando tecnologías avanzadas como la espectroscopia, los geólogos han analizado muestras de mortero romano de 0,3 milímetros de grosor con haces de rayos X para aprender más sobre la estructura de sus cristales
Otro descubrimiento sorprendente es que los romanos manejaron un mineral muy raro, llamado tobermorita aluminosa. Al parecer, la tobermorita aluminosa se formaba cuando el agua de mar se filtraba a través del hormigón de los rompeolas y muelles, disolviendo la ceniza volcánica y permitiendo la formación de nuevos minerales que, al reaccionar químicamente con el agua del mar, reforzaban la matriz.
El problema es que las cenizas volcánicas no abundan en el planeta. Aún así, y en determinados entornos el hormigón romano ofrece ventajas superiores a las del mejor contemporáneo. Por ejemplo, en el Proyecto de generación eléctrica de la laguna de Swansea (Reino Unido), se necesita una duración mínima de 120 años para hacer el proyecto económicamente viable. La clase del mejor hormigón disponible actualmente comienza a dar señales de degradación apenas a los 50 años, período de tiempo ridículamente reducido si lo comparamos con los miles de años de duración que se observa en las construcciones romanas.
Accidentalmente se ha encontrado algo similar a cemento romano en los gruesos muros de hormigón de un reactor nuclear japonés. Según los científicos de la Universidad de Nagoya, la formación accidental de torbemorita aluminosa aumentó la resistencia de las paredes del reactormás mas de tres veces.
Entonces, ¿por qué no volver al hormigón romano? La receta está ahí, pero falta el conocimiento de las dosis exactas. Verificadas sus virtudes de duración, aún en entornos en los que los hormigones actuales no resisten, no se puede descartar que en un futuro próximo volvamos a construir con cemento romano. En ese caso, y si llegamos a sobrevivir, apreciarán los humanos del Siglo XL obras tan magníficas como las que nos han legado los romanos ?