Ya estamos cursando el año 2022. Dejamos atrás dos años en los que una pandemia acorraló al hombre, quien verificó su indefensión frente a un embate de la Naturaleza. De nada ha servido la riqueza, el poder o la religión para evitar someternos a la fuerza de un organismo microscópico que se ha cobrado millones de vidas.
Este fenómeno debería habernos despertado la conciencia acerca de nuestro comportamiento social y del lamentable papel del hombre en este mundo.
El aislamiento forzoso produjo fenómenos positivos : Calidad del aire en las grandes ciudades, retorno de especies animales a los territorios usurpados por el ser humano y no menos importante, nos obligó al refugio en el entorno familiar.
Sin embargo, nada de esto pareció ser comprendido por aquellos que detentan el poder de hacer los cambios en el equilibrio mundial cambiando el rumbo de la conducta humana.
Han simulado asumir su papel, pero lo que han demostrado los sucesivos cónclaves y reuniones es que sus actos no van mas allá de pomposas declaraciones sin emprender acciones concretas.
El poder del dinero, y la ambición de quienes lo poseen, sobrepasa en fuerza a estudios científicos que, día tras día, cuentan los pasos del hombre hacia el abismo. Todo se mide en provecho monetario sin reparar en daños a las personas o a la Naturaleza.
Pero, quienes son en última instancia los responsables ? Son las transnacionales que explotan los recursos naturales sin importar las consecuencias sobre hombres animales y plantas, o es que somos nosotros igualmente responsables ?
Es fácil y desgraciadamente humano descargar la responsabilidad en terceros. Somos nosotros los cómplices del monstruo del consumo. Amoblamos nuestras casas con maderas de árboles centenarios de Africa y América; consumimos combustibles fósiles que envenenan el aire y calientan el clima; inundamos el mar con los plásticos resultantes de nuestro confort sin pensar en el daño a la fauna marina, pero jamás aceptamos la responsabilidad del desastre,por el contrario, lo tomamos como meta deléxito y realización de nuestra existencia.
Al igual que los músicos del Titanic seguiremos tocando mientras la catástrofe ecológica nos hunde irremediablemente en el marasmo de la destrucción.
 
Long John Silver Hermano de la Costa