¿Los Incas conocían una técnica secreta para “ablandar” las piedras?
Cuando de un paseo por la ciudad Inca de Machu Picchu o por lugares como el centro histórico del Cusco o la Fortaleza de Sacsayhuaman, notará que muchas de las edificaciones antiguas fueron construidas con bloques de granito, en algunos casos de cientos de toneladas, ensambladas a manera de un puzzle gigante. Muchas voces ponen en duda que se debiera a un esfuerzo humano y apuntan a una posible tecnología extraterrestre o tal vez que hubieran encontrado alguna manera de moldear las piedras como si de plastilina se tratara..
Aún a día de hoy, se necesitarían de herramientas de alta potencia implementadas con puntas y hojas de diamante para poder encajar las colosales piezas de piedra de forma tan compleja. Recomendamos darse una vuelta por las calles de Cusco, quedará asombrado. Puede ver la piedra de los 12 ángulos; pero las mejores muestras de este tipo de arte lítico, las verá en Machu Picchu. En algunos casos se trata de rocas de decenas de toneladas. Los cronistas de la primera mitad del siglo XVI estaban tan sorprendidos como los capitanes que llevaron a cabo la gesta de la Conquista del Perú. No podían entender cómo era posible que entre las junturas de los primorosos muros incas del Cusco no se pudiera introducir ni el filo de una navaja
No podían entender cómo fueron colocados en su sitio las colosales piedras talladas de Sacsayhuaman, para muchos fortaleza militar, para otros un complejo sagrado, y para los demás… un gigantesco observatorio celeste… o un enigma del tamaño de su portento; y les quedó la duda y la perplejidad cuando entraron en el Coricancha, la sede sacra de la divinidad solar incaica, donde, alucinados, no tanto por el oro que encontraron, sino por la perfección de sus formas arquitectónicas,llegaron a comparar al Cusco con Roma o Jerusalén. ¡Las piedras de sus muros parecían haber sido soldadas unas con otras!.
Desde hace siglos, la habilidad del hombre andino para tallar la piedra y levantar muros capaces de resistir eternamente ha permanecido cubierta por la bruma del mito. La ciencia, en su afán por resolver el enigma, se ha ido prácticamente de cabeza contra los muros incas, y la arqueología tradicional, esa que no admite consideración es que vayan más allá de sus estrechos dogmas establecidos, ha sufrido la peor parte, y no ha tenido mejor idea que recurrir al manoseado argumento de que las piedras eran talladas a pico, a cincel y a martillazos, porque no concibe que el antiguo peruano haya conocido otra tecnología que la del arco y la flecha.