Cuenta el periodista español Juanjo Pérez que el padre Lira, un sacerdote peruano ya fallecido, uno de los mayores expertos en folclore andino, fue autor de infinidad de libros y artículos. El mencionado personaje vivía en un pueblito cercano al Cusco y hasta allá se dirigió el periodista para entrevistarlo sobre una inquietante afirmación: el padrecito afirmaba haber descubierto el secreto mejor guardado de los incas: una sustancia de origen vegetal capaz de ablandar las piedras.
Las leyendas de muchos pueblos precolombinos peruanos aseguran que los dioses les habían hecho dos regalos a los nativos, una la hoja de coca y otro una planta de increíbles propiedades que, mezclada con diversos componentes, convertía las rocas más duras en una sustancia pastosa y moldeable. para que pudiesen levantar colosales obras arquitectónicas como Sacsayhuaman o Machu Picchu.
Al explorador y político estadounidense Hiram Bingman le contaron sobre la existencia de una planta con esas propiedades. Hay registros oficiales sobre esta planta, que incluye a los primeros ‘Cronistas españoles’. “Un día, mientras acampaba por un río rocoso, él observó un pájaro parado sobre una roca que tenía una hoja en su pico, vio como el ave depositó la hoja sobre la piedra y la picoteó. El pájaro volvió al día siguiente. Para entonces se había formado una concavidad donde antes estaba la hoja. Con este método, el ave creó una ‘taza’ para coger y beber las aguas que salpicaban del río”.
El antropólogo y estudioso argentino Aukanau, en su texto dedicado al enigma del pñajaro Pitiwe y la hierba que disuelve el hierro y la piedra, nos recuerda la existencia de una planta, considerada medicinal por los mapuche, que crece en las sierras andinas, desde Ecuador hasta el estrecho de Magallanes. “Los botánicos lo llaman Ephedra Andina y es una de las sospechosas de ser la famosa y tan buscada hierba de los incas.