Arturo Perez Reverte : Su Mejor Enemigo
Interesante crónica del este periodista, creador de excepcionales relatos y reportajes a protagonistas de las mas increíbles aventuras. En los hechos que relata, se hace mención del torpedo humano que pudimos ver en una visita que hicimos al Museo Naval de Venecia.
Aunque en invierno hace dentro un frío de mil diablos, el museo naval de Venecia es un lugar agradable. Está situado al final de la Riva degli Schiavoni, cerca de la entrada del Arsenal, y su colección de maquetas y objetos navales es magnífica. No llega a la espléndida categoría del museo naval de Madrid, uno de los mejores de Europa, pero merece una visita detenida. uelo dejarme caer por allí cuando estoy en esa ciudad, y siempre me detengo ante la pieza de su colección que más admiro: un "SLC Maiale o siluro a lenta corsa".
Ese torpedo tripulado por dos hombres, que habrán visto en alguna película, con el que los buceadores de combate italianos atacaban a los navíos ingleses durante la Segunda Guerra Mundial. Un aparato cuya contemplación, imaginando lo que era cabalgarlo en condiciones reales de noche y mar, basta para desmentir que los italianos, como sostiene algún indocumentado, sean poco valerosos. Al contrario: lo son cuando tienen motivos para serlo. Aunque ésa, la de los motivos, ya sea otra historia.
Estuve hace poco allí otra vez, tocando con los dedos el metal frío del maiale. Y como siempre, pensé en su inventor, Teseo Tesei, que murió en combate atacando el puerto de Malta; y en Lucio Visintini, Giovanni Magro y los que murieron tras cruzar de noche la bahía de Algeciras para atacar los buques fondeados en Gibraltar y en mi personaje favorito entre todos los oficiales y tropa de la Décima Flotilla MAS, el teniente de navío Luigi de la Penne, que al atacar la base británica de Alejandría se encontró solo y de noche junto al casco del acorazado Valiant.
Había perdido en la oscuridad del mar a su compañero Emilio Bianchi y el maiale estaba averiado y clavado en el fondo a 14 metros de profundidad, lejos del buque, soltó la pesada cabeza explosiva y la fue arrastrando palmo a palmo durante cuarenta minutos, a ciegas, envuelto en una nube de fango, orientándose por el rumor de las máquinas del acorazado, hasta situarla debajo de la proa y activar el mecanismo de explosión retardada para las 06,05 horas. Lo que vino a continuación situó a Luigi de la Penne en el cuadro de honor de las leyendas del mar y los marinos.