Al emerger agotado, quitarse el equipo respirador e intentar llegar nadando a la costa, fue descubierto y apresado por los ingleses. Conducido a bordo del mismo buque que había minado, comprobó que también su compañero Bianchi estaba prisionero. Interrogado De la Penne por el capitán de navío Charles Morgan, comandante del acorazado, se limitó a dar su nombre y graduación, negándose a confesar nada sobre su misión.
Al emerger agotado, quitarse el equipo respirador e intentar llegar nadando a la costa, fue descubierto y apresado por los ingleses. Conducido a bordo del mismo buque que había minado, comprobó que también su compañero Bianchi estaba prisionero. Interrogado De la Penne por el capitán de navío Charles Morgan, comandante del acorazado, se limitó a dar su nombre y graduación, negándose a confesar nada sobre su misión. El inglés ordenó que lo encerraran en un pañol, y la casualidad lo situó a proa del buque, en un calabozo situado exactamente sobre la carga que había activado un rato antes. Diez minutos antes de la explosión, De la Penne pidió hablar con el comandante y le dijo que iba a estallar una carga y que pusiera a la tripulación del Valiant a salvo. Como se negó a añadir nada más, el capitán Morgan ordenó que lo encerraran en el mismo calabozo de antes
Cuando estalló la potente carga explosiva, el prisionero italiano era el único que quedaba dentro del casco; pero tuvo suerte: los daños reventaron la puerta del calabozo y pudo escapar mientras el acorazado se hundía. Salió a cubierta entre el humo y la confusión, y una vez allí tuvo la satisfacción de ver cómo un segundo acorazado, el Queen Elizabeth, y el petrolero Sagona, minados por otros dos equipos de buceadores, también saltaban por los aires. Aquella noche, seis italianos con tres maiales hundieron 80.000 toneladas de buques enemigos.
Pero la hazaña de Luigi de la Penne y sus compañeros aún tendría un epílogo. Acabada la guerra, los hombres que atacaron Alejandría fueron llamados a la base naval de Tarento para recibir la medalla de oro al valor militar, sin importar –grandezas de Italia– que su hecho de armas hubiera tenido lugar bajo el fascismo. Y cuando el príncipe Umberto II, presidente del acto, se disponía a condecorar a Luigi de la Penne, del público se adelantó espontáneamente un inglés uniformado: el almirante sir Charles Morgan, antiguo comandante del Valiant, ahora jefe de la base naval de Tarento. Y hay una foto del momento en que éste pide a Umberto II el privilegio de imponerle él mismo la medalla a De la Penne «por el valeroso ataque que hizo contra mi barco hace tres años y tres meses».
Esas fueron sus palabras, y así ocurrió: el príncipe se hizo a un lado y fue el almirante Morgan quien colgó la medalla en el pecho de su antiguo enemigo. De su mejor enemigo.
 
Arturo Pérez Reverte