Esta historia tiene tres tiempos. El primero lo dejó Drake escrito esos tres días de primavera en los que, tras hundir entre 20 y 30 barcos (fuentes españolas dicen que fueron 23 e inglesas hablan de 33), tiene que abandonar la Bahía de Cádiz. El segundo lo regala una draga 425 años después, cuando en unas obras de ampliación del puerto de Cádiz, en 2012, aparecen tres pecios hundidos: los Delta I, II y III. El tercero llega ahora, cuando en el transcurso de la investigación de su tesis, la arqueóloga Milagros Alzaga tiene “un pálpito”.Compra una obra de cinco volúmenes en una librería de segunda mano y en una página encuentra justo lo que llevaba dos años buscando: ese primer pecio hundido por Drake pertenecía a la familia genovesa Vasallo, era el San Jorge y San Telmo, también conocido como la Piccola Vassalla, y es justo el Delta II que apareció en 2012.
Atardece y es primavera, en Cádiz apetece estar en la calle. En el puerto, unos 60 buques faenan con mercancías. Llega más de una veintena de barcos de bandera francesa y flamenca. En un giro malicioso e inesperado, cambian de pabellón y muestran su verdadera filiación: ingleses a las órdenes del Corsario Francis Drake. Abren fuego sin previo aviso. Avanzan en la bahía. Un buque mercante genovés, sorprendido por el ataque, intenta defenderse. La historia le reservará el triste honor de ser el primer buque hundido por Drake en el ataque a Cádiz, perpetrado del 29 de abril al 1 de mayo de 1587. El pecio sin nombre que se hundió durante la expedición encargada por la reina inglesa Isabel I para sabotear los preparativos de la Armada Invencible del españo, Felipe II
“Solo se conoce el nombre de barcos hundidos singulares o muy conocidos. Si encima son mercantes, se hace aún más complicado”, confirma Carmen García Rivera, directora del CAS, un centro dependiente del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Y es que el equipo ha conseguido reconstruir el puzle que, en la primavera de 2012, las obras en el puerto sacaron a la luz.
Bajo más de siete metros de fango y a 14 de profundidad, la draga localizó el tercio inferior de un pecio hundido en un extraordinario estado de conservación. Las primeras indagaciones apuntaron a que se trataba de una nave ligera, preparada para una navegación comercial de cabotaje de puerto a puerto. Los investigadores la denominaron como Delta II ya que un mes antes había aparecido un buque militar español del siglo XVII,el Delta I. Tiempo después, también aparecería el Delta III, restos de una nave de finales del XVII o principios del XVIII de procedencia holandesa. Pero la carga del Delta II resultó ser más valiosa que cualquier metal precioso, gracias a su estado de conservación. Aparecieron vasijas aún selladas con el tapón de corcho y rellenas de aceitunas en salmuera, de las variedades gordales y picuales.
También, restos de barriles rellenos de cochinilla de carmín, procedentes de América y usadas para tintes en rojo, que aún manchan de bermellón. O cajas de madera en perfecto estado, restos de una especie sin determinar, suelas de zapatos de cuero y siete cañones, dos para defenderse y cinco estibados en bodega. La mercancía, entre local e internacional, confirmó que se trataba de un barco de redistribución de un comerciante.