El Señor Sabelotodo Somerset Maughan

Fue un escritor británico, autor de novelas, ensayos, cuentos y obras de teatro. Durante la década de 1030 fue considerado el escritor más popular y mejor pagado del mundo. A lo largo de 60 años escribió más de 100 relatos y 21 novelas, además de gran número de piezas teatrales, biografías, libros de viajes y ensayos.
Yo estaba dispuesto a que el señor Kelada me desagradara incluso antes de conocerlo. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las líneas oceánicas era intenso. Era difícil encontrar lugar y usted tenía que tomar lo que le ofrecieran los agentes. No se podía esperar un camarote para uno solo, y yo agradecía el mío con sólo dos camas. Pero cuando escuché el nombre de mi compañero mi corazón se hundió. Sugerí puertas cerradas y la exclusión total del aire nocturno. Ya era bastante malo compartir un camarote por catorce días con cualquiera (yo viajaba de San Francisco a Yokohama), pero habría sido menos mi consternación si el nombre de mi compañero de cuarto hubiera sido Smith o Brown.
Cuando subí a bordo ya se encontraba ahí el equipaje del señor Kelada. No me gustó su aspecto, había demasiadas etiquetas en las valijas y el baúl de la ropa era demasiado grande. Había desempacado sus objetos para el baño y observé el excelente Monsieur Coty ; porque en el lavabo estaba su perfume, su jabón para el pelo y su brillantina.
Los cepillos del señor Kelada, ébano con su monograma en oro, habrían estado mejor para una friega. El señor Kelada no me gustaba en absoluto. Fui al salón fumador. Pedí un paquete de cartas y empecé a jugar paciencia .
– Yo soy el señor Kelada – añadió con una sonrisa que dejaba ver una fila de dientes brillantes, y se sentó.
– Oh, sí, compartimos un camarote, creo.

– Eso es suerte, diría yo. Uno nunca sabe con quién lo van a poner, me alegré cuando supe que usted era inglés. Soy partidario de que nosotros los ingleses nos congreguemos cuando estamos en el extranjero, usted me entiende. Parpadeé.

– ¿Es usted ingles? –pregunté, quizá con falta de tacto.
– Bastante. ¿Usted no creerá que soy estadunidense, o sí? Inglés hasta la medula, eso es lo que soy. Para probarlo, el señor Kelada sacó su pasaporte del bolsillo y lo desplegó bajo mi nariz.