"Lo compré por 1.500 dólares, como chatarra. Lo saqué a tierra para repararlo. Media bodega estaba llena de barro, ratas y restos de zapatillas...Todo lo que arrastra el rio Luján. Me pasé dos días sentado en el astillero mirándolo y pensando qué hacer. Pero era tan perfecto que no lo podía dejar morir”.
Le llevó seis meses repararlo, con ayuda del Astillero Rio Santiago, Técnica Naval de Tigre y la Armada Argentina. ¿El resultante? Un barco de 29,80 de flotación y 37,60 de eslora total, con un calado de tres metros. Le puso una quilla como refuerzo.Pero repite que solo lo logró porque se cruzó “con gente de primera”. ¿Por qué lo rebautizó Goleta Gringo? “Gringo loco” le decían a él cuando lo veían martillar esa bola de chatarra. Pero cuando el barco tuvo un mástil y volvió al agua, la gente dejo de llamarlo “loco”. Y, no solo le decían “Gringo” a él, sino también a su barco.
“A fines de los noventa me estaba quedando sin trabajo y un día exploté. No podía respirar, se me hinchaba la lengua y fue un quilombo bárbaro. Vino la Unidad Coronaria de La Plata, me medicaron y empecé un tratamiento. Fue un espasmo coronario y me sirvió para cambiar la cabeza. Elegí vivir un poco más tranquilo”. Diez años después conoció a Bárbara, una bióloga marina de San Fernando. Los presentaron unos amigos para que se asociaran y llevaran turistas del Exterior. “Pero lo único que hicimos juntos fue a Juan”, ríe Fernando en referencia a su hijo menor.
“Yo venia de dos separaciones y no quería saber nada. Pero se dio. Tenemos mucho en común. Se vino a vivir al barco hace casi doce años. Es una excelente compañera, marinera y cocinera. Sé que tenemos una vida que sale de lo cotidiano”, reflexiona. Entonces cuenta que durante varios años el barco estuvo fondeado cerca del puerto de La Plata, para de ahí salir navegando.Y que, en esa época, la Goleta Gringo empezó a ser contratada para acciones publicitarias tanto en Buenos Aires como en Punta del Este y algunos puntos de la costa brasileña.
Sin embargo, hace tres años, Fernando temió que la crisis económica volviera a afectarlo como a fines de los noventa y con su familiar decidieron zarpar para Brasil. Desde entonces, recorren sus costas en dirección al norte. Tenemos seis camarotes dobles con baños y ducha, además de dos camarotes cuádruples. Las camas son grandes. Contábamos con un chulengo, (Una cría de guanaco) pero con tanta mala suerte que una ola lo tiro al agua. Vivimos sin cerradura. No hay ruidos de bocina. Y recién estábamos almorzando en la popa mientras los delfines saltaban a nuestro alrededor”,
Cuenta que Juan llegó al barco con quince días de vida y nunca vivió en una casa. Va al colegio y tiene amigos en los diferentes puertos. Sigue el SEADEA, que es el Servicio de Educación a Distancia del Ejército Argentino. Y que alguna vez, cuando escuchó que sus padres hablaban de vender el barco, los interrumpió con una pregunta: "Si viviéramos en una casa, Cómo haríamos ". "Las casas no van a ningún lado".
La nota de Infobae de donde tomamos este material : https://www.infobae.com/sociedad/2020/05/10/pago-1500-dolares-por-un-barco-hundido-de-1886-lo-restauro-hoy-es-su-casa-y-navega-por-brasil/?fbclid=IwAR0D2ZAVXVXh6ff9jv_4NoU_UTNgyhtOCmIF00Ywa47jlBCDT4JhHYDBy8Q