A propósito del encallamiento del buque, el Diario El Mundo opinaba : "Uno de los puntos mas discutidos en el naufragio del paquebote Monte Cervantes es el que se refiere a la ruta que siguió por el paso conocido como "Les Eclaireurs", donde se encuentra el faro del mismo nombre. Se asegura que el paso es peligroso y que solamente una inexplicable imprudencia llevó al cruce en esa zona".
El salvataje se inició de inmediato. Algunos botes salvavidas fueron remolcados por lanchas, otros lograron llegar sin ayuda a la costa en las cercanías del Tunel. Usuahia recibió en pocas horas a un número de personas que duplicaba su población estable, que por entonces era solamente de unos 800 habitantes. Gran parte de los náufragos fueron alojados en el penal y otros en casas particulares. Los mismos presidiarios compartieron alimento, abrigo y las pocas comodidades del penal.
Con todos los pasajeros a salvo, el Capitán Dreyer regresa al barco a buscar documentación. Es la última vez que se lo ve, pues en ese momento el buque da una vuelta de campana. La actitud de este valiente marino, que se vistió de gala para su último abordaje pasó a la historia. En homenaje a su actitud de desaparecer con su barco, existe hoy en Usuhaia una calle que lleva su nombre.
Los armadores enviaronal Monte Sarmiento para el traslado de los náufragos desde Usuahia a Buenos Aires. al pasar cerca del lugar del naufragio, pasajeros y tripulación rindieron homenaje a la memoria del Capitán Dreyer.
La tragedia náutica dejó sus huellas en el entorno de Usuahia y la zona de mar donde aconteció. El Faro de Les Èclaireurs, levantado entre 1918/1919, además de servir de ayuda en esa riesgosa zona, es a su modo una recordación del incidente. También se ha restaurado el remolcador Saint Christophe, partícipe del intento de rescate del pecio, circunstancia en que se produjo el segundo hundimiento del Monte Cervantes.
Visitando el Museo del Fin del Mundo, pueden apreciarse una diversidad de elementos que pertenecieron al Monte Cervantes. Desde algunas de las letras de bronce que lucía en la proa, utensilios de plata, tazas, botellas vasos y copas pertenecientes a la dotación del buque. Todas estas piezas llevan impresas o grabadas el logo del armador, la Compañía Hamburgo Sudamericana. También una plaqueta de bronce que los náufragos hicieron colocar en 1932 en homenaje al desparecido Capitán Teodoro Dreyer.
El buzo Héctor Monsalve,entre otros elementos, logró rescatar desde su posición original en una de las chimeneas del barco, la corneta de bronce macizo marca Krupp modelo Tyfon, del Monte Cervantes. 80 años después del naufragio, en Agosto y Diciembre de 2010, un grupo que trabaja sobre la historia del buque siniestrado hizo sonar el silbato en una ceremonia de recordación del incidente. El libro de Adrián Gustavo de Antueno Berisso contiene, por supuesto muchos mas detalles e imágenes de la peripecia del Monte Cervantes y sus pasajeros, pero valga este pequeño resumen a modo de recuerdo.