En 1816, la muerte de casi 150 marinos abandonados a su suerte tras un naufragio, en una balsa, provocó un escándalo en Francia e inspiró a Géricault su más célebre cuadro. Expuesto por primera vez en el Louvre en agosto de 1819, la obra provocó un escándalo y dio a conocer una tragedia que descubrió el rostro del sistema político que dominaba entonces Francia.
En julio de 1816, la fragata La Medusa zarpó junto a una flotilla de la isla de Aix, cerca de Burdeos, con destino a la ciudad de Saint-Louis, en Senegal. Restablecida la paz tras las guerras napoleónicas, la flota tenía como misión recuperar el control de las antiguas posesiones francesas de África que los ingleses acababan de devolver a Francia. La expedición se componía de militares, funcionarios y algunos colonos, pero también, y como era costumbre en la época, de varios científicos que llevaban material de observación.
En el curso de la expedición, el capitán Chaumareys cometió múltiples errores. De entrada, se alejó de los demás navíos e hizo la ruta en solitario. Se equivocó al leer los mapas y cuando se encontraba a la altura de Mauritania se introdujo en una zona de aguas poco profundas, el banco de Anguin. La quilla empezó a rozar el fondo de arena, y el barco embarrancó el 2 de julio. Los tripulantes intentaron reflotarlo, pero entonces se desencadenó una violenta tormenta que dañó el navío irreparablemente.
El salvamento de las casi 400 personas que componían la tripulación se hizo en circunstancias de máxima confusión, aumentada por el alcohol que circulaba entre los marinos, incluido el capitán. Chaumareys y los oficiales se subieron a los botes, mientras que 150 marineros y soldados, así como una cocinera, se apiñaron en una balsa improvisada, de 15 por 8 metros. En principio la balsa debía ser remolcada por los botes hasta la costa, pero Chaumareys, al verse lastrado por su peso, decidió soltar las amarras y abandonar la balsa y sus ocupantes a su suerte.
La balsa se convirtió enseguida en un infierno. Primero fue una lucha por el espacio, pues los bordes de la balsa se hundían en el agua y todos querían situarse en el centro. Si en la primera noche veinte personas se ahogaron, en la segunda se desató una auténtica lucha en la que los que iban armados mataron al menos a 65 de sus compañeros, pretextando que se habían amotinado y querían destruir la balsa.