La costa de Maldonado fue una trampa mortal para los antiguos navegantes. Tanto que se calcula que en el Río de la Plata hay unos 1.200 navíos hundidos desde el siglo XV. Las tormentas y la ausencia de cartas náuticas precisas hicieron que aquellos frágiles barcos de madera se perdieran en el fondo del mar, cargados de historias y metales preciosos. El buque español Salvador naufragó el 31 de agosto de 1812 en medio de un temporal, en el que fallecieron más de quinientas personas.
El Salvador (nombre paradójico si los hubo) había partido del puerto de Cádiz, en España, con destino a Montevideo, transportando casi toda la oficialidad y tropa del 29º Batallón del Regimiento de Albuhera (Extremadura) y un destacamento completo de soldados de caballería, junto con sus armas, correajes y artillería. La intención de las autoridades españolas era reforzar la guarnición de Montevideo, el último bastión de la Corona en el Virreinato del Río de la Plata.
Desde que ingresó al estuario, el Salvador tuvo su destino marcado. Luego de tres meses de viaje, el capitán no sabía si Montevideo se encontraba en manos de los españoles, por lo que decidió explorar las posibilidades de un eventual desembarco en la Isla Gorriti (entonces Isla de Maldonado). Ancló allí, y luego lo hizo a unas tres millas de Punta Ballena. El 31 de agosto amaneció con llovizna y neblina. El Salvador fondeó durante la noche y fue arrastrado con el ancla garreando a cuatro millas del sitio en el que había detenido su marcha.

El capitán presintió lo peor y tomó la decisión de ingresar el barco en la bahía, encallándolo en una infeliz maniobra contra el bajo conocido como "Del Monarca" (por el naufragio del buque inglés HMS Monarch ocurrido poco antes), donde fue abatido por la tormenta.

"Se dispararon tres cañonazos para dar aviso al pueblo de nuestro peligro, y se vieron tres o cuatro fogatas en la playa. Se pensó al amanecer mandar algunos cabos a tierra en maderos o cosas semejantes que los condujesen, pero no los había, ya estaban debajo de cubierta, y cubiertos de agua. A esa hora ya estaba el navío muy estropeado, con la borda de sotavento debajo del agua y no teníamos más esperanzas que en los dudosos auxilios de tierra, o en alcanzar la rivera con algún madero, pues el tiempo no daba muestras de abonanzar."
Acosta y Lara, piloto, vigía y capitán interino del puerto de Maldonado fue quien dejó la descripción más precisa del naufragio del Salvador. Acosta y Lara se había trasladado en la noche del 29 de agosto de 1812 al puerto para, al amanecer embarcarse en una lancha de pesca que lo trasladaría hacia el sitio donde estaba fondeado el navío, sin sospechar que la tormenta en ciernes marcaría una página negra en la historia del Río de la Plata