El fusil y el látigo eran para él tan o más imprescindibles que la brújula. Sus porteadores eran exprimidos hasta el último aliento. Morían como moscas sin que Stanley pestañeara. Su indiferencia ante el dolor ajeno lo convirtió en un compinche perfecto para Leopoldo II, Rey de Bélgica. Este monarca instauró un reino del terror en el Congo entre finales del siglo XIX y principios del XX. Es una gran injusticia histórica que Leopoldo II no figure, con Hitler y Stalin, como uno de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX”. Convirtió el Congo en su finca particular. Sus mercenarios esclavizaron, secuestraron y torturaron a sus habitantes en una orgía de sangre con la complicidad de cobardes como Henry Morton Stanley.
Sin embargo los éxitos de Stanley son innegables. Entre otros, averiguó el paradero del doctor Livingstone y descubrió las fuentes del Río Congo.Recorrió este río hasta su desembocadura durante tres años. Como en todas sus aventuras, el coste humano fue altísimo: de los 356 expedicionarios y porteadores que le acompañaron, sólo regresaron 114. Y tan innegables como sus éxitos son sus crueldades.
Encadenaba y azotaba a sus sirvientes con un látigo hecho con piel de hipopótamo. Según otro historiador, el africanista Adam Hoschschild, trataba tan mal a sus porteadores que sus expediciones se podían confundir con una caravana de esclavos. También secuestró a mujeres y niños para exigir comida a cambio de su liberación. Una de las primeras personas que protestó airadamente contra este Congo de pesadilla fue un misionero estadounidense George Washington Williams. Stanley además, engañó a numerosas tribus, con documentos que no entendían, para que regalaran sus tierras al rey Leopoldo II.
George Washington Williams, testigo presencial de los dramas promovidos por Henry Morton Stanley, dice al respecto : "No es un héroe, sino un tirano. Su nombre aterra a estas gentes sencillas, que recuerdan sus mentiras, sus golpes y los crueles medios con que les ha robado sus tierras”. Ese es el Stanley que insólitamente se describe a veces en versos maravillosos pero que ocultan y reemplazan la imagen de un monstruo, cómplice de la barbarie del Reino de Bélgica, por la de un aventurero romántico. Esto demuestra, como en tantas ocasiones que la historia y la poesía a veces no siempre levantan monumentos e imágenes ideales de algunos personajes.