La Inglaterra del Siglo XIX cultivó la extravagancia como a ninguna otra actitud del orgullo imperial. El tamaño gigantesco, el brillo deslumbrante, el gasto monumental y la complejidad tecnológica a escalas hasta ese momento nunca alcanzadas, todo ello cumplía con la sensación victoriana de dominar al mundo. Y esa vocación fue pródigamente satisfecha en la construcción del Great Eastern, buque insignia de la Eastern Steam Navigation Company, concebido por el ingeniero Isambard Brunell para la ruta Inglaterra - Australia.
Cuando fue botado en 1858, el Great Eastern era cinco veces más grande que la mayor de las naves a flote. Todo era desmesurado en este Titán, comenzando por su casco de hierro de 208 metros de eslora.
Para poder mover este coloso, se empleó la hélice y las ruedas de paletas, con máquinas alternativas independientes que podían operarse juntas o por separado. Para su propulsión emplearía dos ruedas de paletas de 17,50 metros de diámetro, más una hélice de 7,20 metros, que le brindarían una velocidad de 18 nudos. Tenía cinco salones decorados en madera lustrada, dorados y espejos, 800 camarotes, algunos con baño privado y agua corriente caliente y fría, y una recámara exclusiva a disposición de la Reina
Pero ninguna de las innovaciones tecnológicas del Great Eastern lo pudieron hacer inmune a los caprichos de la naturaleza, o a los errores humanos. El primero de sus muchos accidentes ocurrió durante las pruebas de mar, cuando un tripulante descuidado dejó cerrada una válvula de la máquina de las paletas, permitiendo que la presión ocasionara una explosión masiva, con el resultado de 15 personas muertas.
Otro desastre se produjo en enero de 1861, cuando el Great Eastern fue sorprendido por la violencia inusitada de una galerna que le arrancó ambas ruedas de paletas, quitándole estabilidad. Esta vez las víctimas fueron los pasajeros (25 fracturados y varios contusos), la mayor parte de los cuales se produjo en el Gran Salón, cuando un brusco rolido de casi 40º arrojó personas y mobiliario contra un mamparo. El gran buque nunca hizo un solo viaje a Australia. En su lugar, fue puesto en la carrera del Atlántico, donde el tráfico de personas estaba creciendo explosivamente.
Sin embargo, a pesar del aumento en la demanda, no arrojó ganancias porque sus 4.000 camas nunca fueron ocupadas totalmente, y porque una seguidilla de accidentes costosos aumentaron su deuda, y produjeron la quiebra de varias pequeñas compañías asociadas al proyecto.