Pero para su mal o su bien, el público británico amaba este buque, símbolo de la grandeza imperial, y financió una serie de metamorfosis que prolongaron su vida por 30 años. Sus propietarios, desesperados por recaudar dinero, lo pusieron en exposición en New York. En cuatro semanas, 143.764 visitantes pagaron 50 centavos de dólar para una recorrida de tres horas por el buque, que dejaron 71.882 dólares, al tiempo que sus comedores atendieron 17.335 comensales, dejando una ganancia neta de 93.120.
En total, los 165.000 dólares recaudados por la curiosidad del público estadounidense le permitieron encarar el retorno a casa, donde fue puesto también en exposición con un resultado similar. Para fin de año, el Great Eastern había recaudado una cantidad importante de dinero en un oficio totalmente ajeno a su motivo de ser, pero cuando los visitantes comenzaron a disminuir fue devuelto a su función específica.
En los siguientes tres años los resultados económicos fueron desastrosos. A fines de 1864 fue amarrado por última vez, calladamente, para no despertar los múltiples acreedores. La Eastern Steam Navigation Company desapareció en la bancarrota, pero a la nave aún le restaban días de gloria, aunque en otra función muy diferente a la del palacio flotante. En 1857 se había firmado un tratado comercial entre Inglaterra y Estados Unidos para conectar ambos territorios con un cable telegráfico.
Los trabajos en tierra se habían cumplido con puntualidad, pero se planteaban dificultades importantes para el tendido de las 2.000 millas que separaban a Irlanda de Canadá. Después de algunos intentos infructuosos con un par de buques normales, a mediados de 1865 el estadounidense Cyrus Field, concesionario de la obra, descubrió al ocioso Great Eastern, lo adquirió y lo reformó para su nueva tarea.
Para sorpresa de muchos, resultó ser el buque justo y adecuado para la labor. No solamente era la única nave con capacidad de bodega suficiente para alojar las más de 2.000 millas de cable necesarias para cruzar el Atlántico, sino que su propulsión combinada de hélice y ruedas de paletas le daban una maniobrabilidad única, con la capacidad de pivotear sobre un punto o de desplazarse de a un metro hacia adelante o atrás, algo que resultó de gran utilidad cuando hubo fallas de equipos y el cable cayó a casi 4.000 metros de profundidad. El 26 de julio de 1866 el Great Eastern arribó a Canadá, descargando el extremo final.
En 1867 fue reacondicionado por los franceses con el fin de transportar turistas desde América hasta la Exposición francesa,7​ y al año siguiente, volvió al servicio de cableado submarino.7​ Entre 1869 y 1874 tendió seis cables entre Europa y Norteamérica, reparó dos cables más, y tendió otro en el Océano Índico​. En los años 1870, nuevos barcos, específicamente construidos para la colocación de cables submarinos, hicieron que el Great Eastern se quedase obsoleto. Terminó su vida como music hall flotante en Liverpool para los famosos grandes almacenes Lewis´s, siendo enviado al desguace en 1889.