La situación de España con el reinado de Carlos III,  priorizaba el incremento de los recursos del estado con el fin de sostener una agresiva política internacional en defensa de los intereses imperiales y fundamentalmente sus colonias. De esta forma se convertía a Cádiz en el principal puerto.Luego le seguían Bilbao, Santander y dentro de los mediterráneos estaban Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga.      El 12 de Octubre de 1778 el Rey de España expidió Real Cedula concediendo nuevas franquicias comerciales al Río de la Plata cuyo título era "Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio libre de España a Indias" con lo que igualaba su navegación mercantil a los demás puertos de las Indias
Con esto se redujeron los impuestos para introducción de mercadería tanto española como extranjera, dando lugar a la  creación de aduanas en Montevideo y Buenos Aires. Esto convirtió a el Río de la Plata con el correr del tiempo  en uno de los pocos puntos americanos que dejaban sobrantes a las cajas de de la administración española. Todo se cargaba en diferentes "contenedores" de esa época. Estos eran según la mercadería: Barriles, Toneles, Cajas, Cajitas, Barricas, Bultos, Fardos, Farditos etc. Cada uno de estos contenedores estaba identificado por un sello y precinto
Los bergantines eran barcos veloces y muy usados en el Mediterráneo por piratas que en Italiano briganti eran "bandidos". Nos referimos a un barco con dos mástiles Mayor y Trinquete (+a proa) y Bauprés sobre la proa, aparejado con velas cuadras, es decir velas colgadas de las vergas quedando transversales respecto al eje longitudinal de la nave. Así como también una gran vela aurea en el palo Mayor una de sus características era su gran superficie velica lo que le permitía ser muy rápidos y agiles en la maniobra.
El Brillante San Miguel zarpó del puerto de Santander el 3 de Julio de 1787, y luego de varias escalas, Canarias, Guinea y Cabo Frío, ingresando al Río de la Plata el 4 de Setiembre. Dos días después, en medio de una cerrazón y mal tiempo, naufragó.
Las maniobras con las velas eran imposibles por estar toda la tripulación cansada, también el barco no obedecía al timón ya que estaba lleno de agua, intentaron cortar las bozas del ancla para fondear pero era tarde este se recostó sobre las peñas. Bajaron la lancha del Bergantín y lograron subir siete  tripulantes pero un golpe de mar la tiró sobre la restinga cayendo estos al agua quedando esta sobre las peñas, llegaron todos a nado a la costa menos el pasajero Joaquin Palazuelas que no pudo ser socorrido y  perdió la vida siendo este la única pérdida humana del siniestro.