A propósito del arribo a Punta del Este de la Regata Clipper Round the World, es interesante hacer un poco de historia acerca de los personajes que participaron en la primera vuelta al mundo en solitario. El vencedor de esta prueba, Sir Robin Knox-Johnston, creador de la Clipper Round the World está hoy presente en este puerto apoyando con su presencia a quienes compiten en la regata y además hontando a a nuestro país con tan ilustre presencia.
La aventura que encumbró a Sir Robin fue la Sunday Times Golden Globe Race. El periódico inglés anunció en 1968 un premio para la persona que diese la vuelta al mundo en solitario y sin paradas en menos tiempo. La sospecha de que el francés Eric Tabarly planeaba un reto similar desde su país, empujó a Knox-Johnston a participar por orgullo patriótico. No podía permitir que semejante reconocimiento no fuese para un regatista británico.
Originalmente se registraron nueve navegantes, pero la historia apunta su recuerdo a tres de ellos : Robint Knox-Johnston, el vencedor, Bernard Moitissier y quien motiva esta historia Donald Crowhurst. Moitissier dio media vuelta cuando ganaba. "Porque soy feliz en el mar y quizás para salvar mi alma", dijo desde su barco. Sin embargo muy otro fue el final de la prueba para Crowhurst. Su situación financiera lo empujó a participar en la prueba y ganar las 5.000 libras para salvar su empresa de electrónica. Sir Robin, en un gran gesto, donó el premio de la regata a la familia del malhadado Donaldo Crowhurst, como forma de paliar la difícil situación economica familiar.
Crowhurst partió desde Teignmouth, Inglaterra el 31 de octubre de 1968, último día permitido para la salida de los competidores según las reglas de los organizadores. Desde el primer momento encontró serios problemas en su partida, las juntas de los escotillones no sellaban bien, el casco principal hacía agua, además los equipos no funcionaban correctamente y en las primeras semanas estaba haciendo apenas la mitad de la velocidad prevista.
Su experiencia marinera era escasa,pero aún así zarpó azarozamente en su trimarán, el Teingmouth Electron. Crowhurst se vio confrontado con la opción de dejar la carrera y enfrentar la ruina y la humillación, o continuar hacía una muerte casi certera en su insegura embarcación. A lo largo de noviembre y diciembre de 1968 la desesperación de su situación lo empujó a forjar un engaño elaborado. Planeó merodear en el Atlántico Sur durante varios meses, mientras los otros competidores navegaban por el Océano Austral. Incluso llegó a las costas argentinas (Cabo Valdés) en una recalada no planeada.