Pero lo que siguió no fue mejor. El “Willie Dee” fue golpeado por una fuerte ola arastrando a un tripulante al que no se le volvió a ver. A causa de la misión no podían abandonar el convoy ni este podía aguardar una labor de rescate por lo que se vieron obligados a continuar. Poco después, el jefe de máquinas informó al Capitán que estaban perdiendo potencia y se estaban retrasando respecto al convoy. Solucionado el problema, tardaron varias horas en alcanzar su posición junto al Iowa.
El capitán del Iowa ofreció al presidente una demostración antiaérea, Roosevelt ocupó un lugar adecuado en la cubierta junto a las torres triples de 16". Se desplegaron globos meteorológicos y cuando alcanzaron cierta altura el acorazado lanzó una lluvia de fuego contra ellos. Los tripulantes de “Willie Dee, cuando vieron acercarse unos pocos globos, y ansiosos por causar una buena impresión tocaron zafarrancho de combate y se dispusieron a derribarlos. Los artilleros abrieron fuego con bastante acierto y Walter decidió aprovechar la ocasión para realizar un simulacro de ataque con torpedos.
La diferencia entre un simulacro y un lanzamiento real radicaba en que las cargas explosivas que lanzaban el torpedo fuera del tubo eran retirados pero el resto del ejercicio era exacto al lanzamiento real. Para “lanzar” un torpedo debía usarse otro barco como objetivo y el Iowa, con sus 270m de eslora era inmejorable. Una vez los torpedistas estuvieron listos el oficial de cubierta dio la orden.
-¡Fuego el uno! Se “dispara” el torpedo. Tras una pausa correspondiente a comprobar el rumbo del torpedo el oficial da otra orden. -¡Fuego el dos! Torpedo lanzado, una pausa y repetimos. -¡Fuego el tres!

Todos lo escucharon, asombrados y horrorizados. El oficial de cubierta observó atónito como el torpedo del tubo Nº3 salía, caía al agua, y enfilaba recto hacie el Iowa y el presidente de los Estados Unidos.

Afortunadamente los tripulantes del Iowa no eran unos novatos y casi al mismo tiempo que la transmisión, los vigías detectaron la estela del torpedo. El Iowa entonces giró rápidamente a estribor a toda máquina mientras la artillería intentaba destruir el torpedo.
El viraje del acorazado fue tan brusco que la silla de ruedas del presidente empezó a deslizarse peligrosamente hacia la borda y sus guardaespaldas se apresuraron en detenerle, se cuenta incluso que uno de ellos llegó a sacar su pistola con esperanza de hacer estallar el torpedo con un disparo. Afortunadamente el torpedo falló el blanco.
Todos dejaron de contener el aliento… hasta que las tres torres triples del Iowa con sus nueve piezas de 406mm empezaron a girar y se encararon hacia el USS W.Porter sin quitarles ni un ojo al destructor.