Un Fósil Viviente : El Tuátara
Los tuátaras, aunque se parecen a los lagartos, constituyen un orden separado del resto de reptiles actuales (el orden Rhynchocephalia o Sphenodontia), del cual son las únicas especies que han sobrevivido hasta hoy, sin apenas cambios desde la era Mesozoica. Sus parientes más cercanos convivieron con los dinosaurios, pues ya existían hace unos 200 millones de años cuando habitaban el supercontinente Gondwana.
Son de color marrón verdoso y gris, pudiendo llegar a alcanzar hasta 80 centímetros de longitud, y poseen una característica cresta espinosa a lo largo de toda la espalda. Entre los caracteres que los tuátaras han conservado sin modificar durante 200 millones de años sobresale el ojo pineal o parietal. Se trata de un tercer ojo que poseen algunas especies animales como lagartijas, ranas, sapos, atunes y algunos tiburones y moluscos, que se situa en el cráneo (entre los dos ojos normales) y que es fotorreceptor, es decir, capta la luz.
Lo que diferencia el ojo pineal de los tuátaras es que está tan desarrollado que tiene retina y cristalino, constituyendo un auténtico tercer ojo. Eso si, como en el resto de las especies que lo tienen, está cubierto por la piel y no es fácil de ver. Sirve para detectar la radiación infrarroja y regular su metabolismo en función del sol. Se cree que también les sirve para ver en la oscuridad y así poder capturar sus presas.
Por si fuera poco, a todo esto que hace a los tuátaras tan especiales se suma que son, después de las tortugas, los reptiles que más pueden llegar a vivir, sobrepasando el centenar de años. Les encanta el frío, quizá porque tienen la temperatura corporal más baja que ningún otro reptil, pudiendo sobrevivir hibernando en condiciones extremas.
El fósil más reciente de tuátara encontrado fuera de Nueva Zelanda se halló en Argentina, y tiene unos 70 millones de años.