Ives Parlier - El McGyver de la Navegación
Cualquier navegante que cruce los océanos o de la vuelta al mundo a vela es digno de admiración, más aún si lo hace en solitario, pero entre estos siempre hay proezas que les inmortalizan como mitos de la navegación. Un ejemplo es el de este navegante francés, Yves Parlier, un ser más acuático que terrestre, de ahí su sobrenombre “El extraterrestre”, o el "Mc GYVER".
Su currículum náutico es grandioso, pero fue su participación en la edición 2000 – 2001 de la vuelta al mundo en solitario sin escalas ni asistencia, la Vendée Globe, la que lo ratificó como un mito, volviendo a casa como un héroe antiguo, derrengado y hambriento, pero con la convicción de haber derrotado al destino.
Había participado en la edición de 1992, en la que rompió el palo nada más salir, retornó a puerto y volvió a zarpar con casi tres semanas de retraso. En la edición de 1996 tuvo que abandonar al chocar contra un “growler” en los mares del sur. En 1997 ganó la transat en doble Jacques Vabre junto al ya mítico Eric Tabarly (este ya con 66 años), primera y última vez que Tabarly navegó en un IMOCA 60. l 18 de diciembre del 2000, en la Vendée Globe, Yves Parlier a bordo de su 60 pies ‘Aquitaine Innovations’ encabezaba la flota de 24 veleros por el Pacífico sur cuando rompió el mástil de 25 metros de altura confeccionado en carbono
Sucedió en uno de los lugares más alejado de tierra de todo el planeta, con olas de más de 15 metros y vientos de 50 y 60 nudos, hielos a la deriva y temperaturas bajo cero, donde hasta el tipo más templado perdería la calma.
Parlie ; "NO...!!!, Estoy bien. No necesito ayuda", dijo el patrón por radio a Philippe Jeantot, el organizador de la Vendée Globe. Ingeniero en composites, Parlier logró recuperar un par de fragmentos del palo de carbono, los subió a bordo y se puso a rumiar una solución. En esta ocasión Parlier iba a hacer honor al apodo, llevando a la práctica la máxima de todo navegante que se precie de ser capaz de solucionar cualquier problema por uno mismo, sin ayuda de nadie, con los medios de que dispone a bordo.
Con un aparejo de fortuna provisional, formado por un trozo de palo para izar la vela mayor con cuatro rizos y el tormentín, puso rumbo hacia las Islas Stewart, al sur de Nueva Zelanda, navegando a 7 nudos, lejos de las planeadas a 30 nudos de los días anteriores, con el barco maltrecho y agotado arribó a la bahía de North Arm, el 8 de enero. Una ensenada protegida y con fondo de arena donde echó el ancla, pero garreó y el barco varó..