El Náufrago que Fue Rey de Una Isla
Carl Emil Petersson era un simple marinero, poco se sabe de su infancia salvo que nació en octubre de 1875 y era uno de los seis hijos del matrimonio que formaban Carl Wilhelm y Johanna Petersson. Adoptó el apellido de su madre porque el progenitor les abandonó.
La vida en la mar empezó para Carl en torno a 1892 y se enroló por primera vez a bordo del Herzog Johan Albrecht. En las Islas Bismarck fue contratado por la empresa alemana Neuguinea-Compagnie, que tenía su sede en Kokopo, actualmente la capital de Nueva Bretaña del Este, una de las diecinueve provincias de Papúa-Nueva Guinea. La nave tuvo la desgracia de hundirse el día de Navidad de 1904. Se fue a pique frente a Tabar en la parte septentrional de Papúa-Nueva Guinea. Carl consiguió salvarse porque la marea le depositó en una bucólica playa; allí le encontraron los nativos.
Los nativos, supuestamente caníbales, no le causaron daño y le llevaron hasta su poblado, deseosos de mostrárselo a su rey porque imponente, alto y musculoso con gran fuerza física. A quien realmente llamó la atención fue a la hija del monarca, que se quedó prendada a primera vista. Se ignora cómo sucedieron los acontecimientos pero el caso es que ella, que se llamaba Singdo, se las arregló para que Lamy, su padre, aceptara entregarla en matrimonio al forastero.
Tuvieron nueve hijos (a los que puso nombres escandinavos: Elsa, Villy, Julius, Emil, Hans, Anna, Erik, Victoria y Karl), aunque uno murió de pequeño. Dada su cómoda posición social no les faltaban tierras, así que las aprovecharon para abrir una extensa plantación de cocoteros a la que pusieron el nombre de Teripax y abrieron una empresa de comercio de copra, la pulpa seca del coco, un producto muy demandado entonces porque de él se extraía aceite.  eran muchos los barcos que acudían a los mares del sur en busca de copra, así que la clientela estaba asegurada.
Cuando falleció Lamy, Carl no sólo amplió la extensión de su plantación abriendo dos más en otras islas sino que ascendió al trono en lugar de su suegro. Gozaba de gran consideración porque, frente a lo que era usual entre los occidentales, siempre demostró respeto por las costumbres locales y trataba muy bien a sus empleados, algo que tampoco resultaba frecuente.