Una fiebre puerperal le arrebató a su esposa en 1921 por lo que Carl retornó a su país, donde la prensa contaba sus aventuras. Mientras invertía en construir una fábrica de gas con James Simpson, conoció a la hija de éste, Jessie Louisa, divorciada y con dos hijos y la llevó consigo de vuelta a Tabar, donde se casaron en 1923.Pero aunque ella describió su nuevo hogar como «el reino del sol donde la guerra, el asesinato y los celos son conceptos desconocidos», no todo era tan paradisíaco.
Jessie se encontró sola, en un lugar aislado del mundo donde no tenía con quien hablar porque desconocía el idioma y encima debiendo hacerse cargo de una prole de ocho niños criados en total libertad, según criterios muy distintos a los del mundo occidental. Hizo un esfuerzo por adaptarse, aprendiendo la lengua, montando a caballo, disparando rifles, pero no renunciaba a sus raíces europeas y procuraba vestir bien, aún cuando la malaria empezó a devorarla.
Durante la ausencia de Carl el negocio había decaído y estaba cerca de la quiebra, algo que no se pudo remediar por más reformas e inversiones que Carl hizo, ya que el mercado había cambiado y la demanda de copra bajó considerablemente. La dramática situación económica se salvó gracias al hallazgo de oro en la isla de Simberi, donde estaba una de las plantaciones, aunque Carl procuró mantenerlo en secreto para evitar una llegada masiva de buscavidas. Al final los Petersson tuvieron que irse definitivamente porque necesitaban un tratamiento médico para Jessie que en Tabar no podían recibir
Carl se quedó precisamente hasta ese año pero nunca volvió a pisar su país natal porque poco después, en 1937, durante una estancia en Sidney, un ataque al corazón puso fin a sus aventuras. No obstante, la historia más parecida a la del sueco fue la de David O’Keefe, un marino estadounidense que naufragó en una isla del Pacífico Sur, donde se ganó la confianza de los nativos y montó una compañía de comercialización de copra rivalizando con las alemanes hasta terminar por convertirse en rey del lugar. En 1954 Hollywood estrenó una entretenida película de aventuras basada en él y titulada Su Majestad de los Mares del Sur (His Majesty O’Keefe), dirigida por Byron Haskin y protagonizada por un Burt Lancaster en la cresta de la popularidad.