En Julio de 1924 fue avistada a la altura de las Islas Canarias y el 8 de agosto, el vigía del vapor británico Zaria volvió a descubrirla, esta vez a la altura de cabo Blanco. El capitán la consideró un peligro para la navegación y detuvo su barco el tiempo suficiente para que su tripulación la incendiara. Todos pudieron verla derivando envuelta en llamas, suponiendo que se quemaría hasta la línea de flotación y después se hundiría, pero la insumergible Governor Parr siguió a flote. El 11 de agosto la tripulación del Umtali la avistó “ardiendo lentamente y a punto de hundirse” y cuatro días más tarde los tripulantes a bordo del Iberia la localizaron, ya sin llamas. El último avistamiento confirmado fue en octubre de 1924.
Por entonces se dijo que la pérdida del Governor Parr se debió a una carga exagerada y a una excesiva cubertada. Un año más tarde (octubre de 1925) el vapor británico Tortuguero avistó un navío, que podría ser el “Governor Parr”, a 300 millas al NE de las islas Vírgenes. Desde entonces, no se le ha vuelto a ver, lo cual no significa que se haya hundido…
Un hecho curioso: el navío HMS Majestic, un mercante británico en ruta hacia Europa, la avistó el 8 de octubre a 819 millas al este del barco-faro Ambrose Channel, ubicado muy cerca de las costas de Nueva York, sólo cinco días más tarde de que, inundado y parcialmente desarbolado, su tripulación la abandonara. Seis meses y unos pocos días pasaron hasta que el Majestic la avistó de nuevo, esta vez a 1278 millas al oeste de Bishop’s Rock. En 6 meses había derivado 997 millas hacia el este.
Nada más se supo de la Governor Parr y se supone que luego de defenderse en tantas batallas contra tempestades, fuego y mareas, luchó hasta su hundimiento final. A quienes la muerte de un navío nos causa la misma tristeza que cuando un ave, ya sin fuerzas, interrumpe su vuelo para morir, seguramente la aventura de la Governor Parr nos permite abrigar la esperanza que de tanto en vez su silueta permanezca aún en el horizonte de un vigía en alerta.