En un principio, se supuso que iba a ser posible arreglar las averías del buque. Pero eran días de tormenta en la península y el clima no ayudaba. Dice Tassano: “Los agentes y armadores del barco contrataron los auxilios de la Administración Nacional de Puertos e iniciaron el operativo rescate el día 24 del mismo mes a las 8:30 hasta el 28 de julio, día en que es interrumpido definitivamente ante lo infructuoso de los intentos”.
El Santa María ya no tenía posibilidades, aunque algunos optimistas pensaban en rescatarlo. Sin embargo, esa playa de La Brava sería su último destino. Sólo restaba descargar la madera que transportaba. “El 6 de agosto se inició la descarga, tarea que se extendió por varios días. A la semana de iniciados los trabajos, el día 13, y reinando un temporal, la marea subió 1,20 metros y se realizó un nuevo intento por zafar la varadura.
Debido a la maniobra realizada se inundaron las salas de máquinas y dínamos, constatándose una importante fisura de banda a banda próxima a la popa del buque”, relata Tassano y de inmediato sentencia: “El día 11 de septiembre y como consecuencia de otro temporal terminó por quebrarse a la altura de la fisura antes mencionada; la popa quedó a unos seis metros del resto del barco”. 
A partir de ese momento, los hechos se vuelven un tanto más vertiginosos. Se trata de acelerar la descarga de la madera arrojando los troncos al mar y teniendo por cierta la teoría de que el reflujo del agua llevaría los troncos a la costa. El cálculo fue equivocado. “Al cambiar el sentido de la corriente dominante (la madera) fueron llevados mar adentro, para salir luego en diversos puntos de la costa atlántica hasta las inmediaciones de José Ignacio y aún más allá. Muchas personas aseguraron haber construido sus casas o parte de ellas con los tablones del barco recogidos en la costa”.
Por su parte, lo que sí se logró rescatar fue comprado por empresas constructoras de Maldonado. Tassano termina de contar la historia y dice: “En la playa El Emir aún se ven fragmentos de la estructura del barco y a veces, en días serenos, al bajar la marea alcanza a divisarse parte del casco, mientras en muchas construcciones de Punta del Este y alrededores sobrevive la madera del Santa María de Luján, como legado de aquella madrugada de Julio”. A su modo, el Santa María todavía vive en Punta del Este.
Muchos de nosotros, muchos de Ustedes seguro han tenido el placer de pasar por encima de este buque en alguna de las lindas olas que regala esta playa de la Península. Si no conocías su historia, seguro ahora lo vas a mirar distinto.