EL CIRUJANO-BARBERO

Después de tres meses de cuarentena forzada, es indudable que necesito con extrema urgencia los servicios de un cirujano-barbero, al menos para que me corte la barba. Pero debo confesar que, por una falta de previsión imperdonable en un capitán de Nao, no tengo uno a bordo de mi departamento.
Según he podido averiguar en la Internet, la primera evidencia conocida de la presencia de un médico abordo, proviene de la Roma Imperial. En la lápida de una tumba que se encuentra en Nápoles, se lee que Marcus Satarius Longinus sirvió como oficial médico a bordo del trirreme Cupidón, que integraba la flota del emperador Augusto. También se conoce un edicto que los eximía de combate, fijaba en 21 años la edad mínima para su enrolamiento, y les concedía el doble del pago que recibían los demás oficiales del barco.
A partir del siglo VI, la necesidad de los monjes de mantener la tonsura, un círculo afeitado en la coronilla que junto con el cambio de nombre representaba el abandono de su anterior condición, obligaba a los monasterios a entrenar a un barbero, oficio no considerado en el idioma. El calificativo de barbator es mencionado en documentos por primera vez en 1196, y pronto los términos derivados de barba se impusieron en los diversos idiomas hablados en Europa, como barbator, babitonsor, barberius, barbier, etcétera.
El término cirujano es mencionado por primera vez a propósito de Pablo de Egina, médico griego del siglo VII, y se lo empieza a utilizar con frecuencia a partir del siglo IX. Eran pocos, y al igual que los médicos se formaban en los monasterios, hasta que  imitando a los árabes, en 1088 fue fundada la Universidad de Bolonia en Italia, y en 1096 la de Oxford en Inglaterra, las dos primeras en Europa. En 1163 el Papa prohibió a los monjes derramar sangre,  lo que dejó a los barberos, por su habilidad en el manejo de instrumentos filosos, la responsabilidad de realizar sangrías y casi todas las cirugías, aparte de embalsamamientos  y autopsias. Cuando alguno se distinguía en su oficio, pasaba a la corte de un señor feudal o del monarca.
Diversos documentos prueban que ya en el año 1130, los Caballeros de San Juan colocaban cirujanos a bordo de sus galeras, y que estos atendían incluso a los remeros esclavos.  También se sabe que, al retirarse de Rodas, habilitaron la carraca Santa María como el primer barco hospital conocido, y que las repúblicas marítimas del Mediterráneo ponían cirujanos-barberos a bordo de sus barcos. Venecia lo hizo a contar del año 1317, y  Génova de 1337.