La Flota Otomana Alcanza Inglaterra
El control del Mediterráneo ha sido uno de los más importantes factores desencadenantes de las constantes contiendas que jalonaron la Historia de los países que circundan esas aguas, desde las incursiones micénicas hasta las operaciones en la Segunda Guerra Mundial pasando por las Guerras Púnicas o el largo desafío que mantuvieron en la Edad Moderna las escuadras cristianas y otomana.
Pese a la pequeña flota de medio centenar de naves diversas (a vela y a remo) que mandó construir el célebre selyúcida Tzacas, no limitó su ámbito de actuación al viejo Mare Nostrum y se atrevió a salir a océano abierto, al Atlántico.Tzacas, de ser un simple marino al servicio del Imperio Bizantino, se convirtió en su azote cuando huyó decepcionado con su falta de promoción y se convirtió en el Emir de Esmirna, conquistando varias ciudades anatolias y amenazando la misma Constantinopla. Se inició así el verdadero auge naval otomano a partir del siglo XIV, de manera paralela al ascenso del imperio y el dominio progresivo de las costas de Asia Menor.
En esa época, los barcos de la bandera roja (la media luna no se incorporó hasta 1453) ya habían empezado a obtener victorias tan resonantes como continuas, controlando los estrechos del Bósforo y los Dardanelos y adueñándose de territorios griegos y balcánicos ante la impotencia de una débil flota bizantina, básicamente veneciana. En 1453 Constantinopla cayó en sus manos, confirmando que el Imperio Otomano era la gran potencia del Mediterráneo oriental y, de hecho, poco a poco siguió apoderándose de las tierras del entorno: las islas colonizadas por repúblicas italianas, el litoral de Trebisonda, las costas del Mar Negro.
Fue entonces cuando comenzó a expandirse hacia el oeste, asentando su dominio en los Balcanes, superando la oposición armada de Venecia e iniciando razias por el Adriático. Así estaban las cosas ya en el siglo XVI cuando las escuadras turcas y berberiscas dieron un paso más para asolar Levante y las plazas del norte de África.
Bajo el gobierno del sultán Selim conquistaron Argelia y vencieron a los mamelucos, mientras queSolimán el Magnífico expulsaba de Rodas a la Orden de San Juan y acometía la conquista de los países que luego constituirían Yugoslavia. Los estados cristianos unificaron fuerzas y para frenarlo formaron la Liga Santa (España, República de Venecia, República de Génova, Estados Pontificios y los caballeros de Malta). No tuvieron suerte y fueron aplastados en la Batalla de Preveza por Barbarroja, que además firmó una alianza con Francia para permitir a Francisco I tomar Niza. Este rey, enfrentado con los Habsburgo, acogió en sus puertos la flota otomana, que operó desde allí entre 1543 y 1544. Esa dinámica continuó a lo largo de la década siguiente sin que el incontestable poder militar que Carlos V demostraba en tierra se trasladara al mar.
Recién en 1571 la Liga Santa consiguió derrotar contundentemente a la otomana en Lepanto. En realidad, el triunfo resultó más propagandístico -por fin se imponía una flota cristiana en una gran batalla- que efectivo. Primero, porque los cristianos no pudieron cumplir su principal objetivo, que era liberar Creta; y segundo, porque el sultán demostró una impresionante capacidad de recuperación: sus enormes astilleros reconstruyeron las unidades perdidas en menos de un año, conquistaron Túnez y se apoderaron de prácticamente todo el norte de África.