David Evans el Náufrago Empresario
Para la gran mayoría de los uruguayos el Pueblo de Conchillas recién cobró notoriedad a partir de la instalación de la productora de celulosa de Montes del Plata. Realmente una injusticia, pues es uno de los lugares con una enorme riqueza histórica y anecdótica. A partir de un primer contacto hace casi veinte años fuimos conociendo algo de su historia.
Durante la Presidencia en Argentina de Julio Roca, se decide la construcción de un nuevo puerto en Buenos Aires, como reemplazo de los viejos muelles de madera. En 1882 se aprueba la iniciativa del influyente comerciante Don Eduardo Madero y se encomenda el inicio de los trabajos a la empresa holandesa Wayss & Freitag para las edificaciones y a la británica Walker & Company para las obras propiamente del puerto. Debido a la escasez de materiales adecuados en territorio cercano a la ubicación del proyecto, Walker & Co. hallan en la zona de Conchillas las canteras de piedra y arena necesarios para la construcción. Es así que el 24 de Octubre de 1887 se decide la implantación de lo que es la actual Conchillas en el Departamento de Colonia.
La compañía Walker realizó en Europa una campaña mediante anuncios para reunir personal. Fleta un barco desde Inglaterra que trae cargamento para la industria y que al ir haciendo escalas en puertos de Italia, Francia y España va reuniendo el primer contingente de trabajadores. Muchos traían un oficio, carpinteros, matriceros, torneros, herreros, dinamiteros, maquinistas, foguistas, pintores, albañiles pero en su gran mayoría eran simples peones que pondrían su fuerza de trabajo al servicio de las extracciones de materiales.
En 1888 zarpó en el buque “Sophia” que naufraga a raíz de un temporal resultando un único sobreviviente del naufragio el cocinero del buque, David Evans. Evans nació en Gales en 1861. De similar edad que Charles Hay Walker, propietario de la empresa, quien nació en 1860. El náufrago salvó parte de sus ahorros y, dueño de una firme voluntad, ofrecerá a Conchillas lo mejor de sus esfuerzos.
Evans suma a sus necesidades de sobrevivencia sus dotes culinarias y monta un servicio de comidas para los obreros. Primero abrió un muy modesto comedor en la zona del puerto, donde casi a la intemperie dio de comer bajo un simple techo de chapas, y luego sin dejar de atender el comedor, recorría la zona con sus cajones al hombro vendiendo toda clase de artículos. De tal manera, mostrando siempre rectitud y buen carácter, conquista la confianza y simpatía general hasta hacerse intermediario de muchos de los mayores negocios. En consecuencia, no llama la atención que al levantar la Empresa Walker el edificio con miras a un gran comercio sea él quien lo tome a su cargo. Así nace la “CASA EVANS y CIA.”,